La meditación Vipassana, aprendiendo a vivir*

 

Vipassana es la más antigua de las tradiciones meditativas budistas. Su método proviene directamente del Satipatthana Sutta, un discurso atribuido al Buda. Vipassana es el cultivo directo y gradual de la atención o conciencia pura. Procede paso a paso a lo largo de los años. La atención del practicante se dirige cuidadosamente hacia diversos aspectos de su propia existencia. El meditador se entrena para percibir cada vez más su flujo de experiencia vital. Vipassana es una técnica apacible y al mismo tiempo completa, una antigua codificación de entrenamiento en sensibilidad, un conjunto de ejercicios destinados a volvernos crecientemente receptivos hacia nuestra vida concreta. Significa escuchar atentamente, ver totalmente y experimentar con cuidado. Con ella logramos oler con agudeza, tocar con intensidad y atender sin reservas lo que sentimos. Aprendemos a escuchar nuestros propios pensamientos sin involucrarnos en ellos.
El objetivo de la práctica Vipassana es aprender a vivirlo todo con atención. Creemos ya estarlo haciendo, pero eso también es una ilusión: prestamos tan poca atención al continuo devenir de la experiencia que lo mismo daría el estar dormidos. No ponemos suficiente atención para notar que no estamos atentos.
A través del proceso de atención gradualmente cobramos conciencia de lo que realmente somos por encima de nuestra egoísta auto imagen personal. Despertamos a la vida como ésta es: no solamente un desfile ilusorio de subidas y bajadas, premios y castigos, sino una textura mucho más profunda cuando nos tomamos la molestia de mirarla correctamente.
Vipassana es una forma de entrenamiento mental que le enseñará a usted a experimentar el mundo de un modo completamente diferente. Por primera vez aprenderá y sabrá lo que realmente le está sucediendo, lo que sucede a su alrededor y lo que le sucede internamente. Es un proceso de autodescubrimiento, una investigación participatoria en la que observamos nuestras propias experiencias mientras estamos en ellas. La práctica de este proceso debe llevarse a cabo con la siguiente disposición: "No importa lo que se me haya enseñado. Olvido todo acerca de teorías, prejuicios y estereotipos. Quiero entender la naturaleza real de la vida. Quiero saber lo que realmente significa la experiencia de estar vivo. Quiero aprender las cualidades profundas y verdaderas de la vida por mí mismo y no a través de la experiencia de otros." Si practicamos la meditación con esta actitud triunfaremos, podremos ver las cosas objetivamente, tal y como son, fluyendo y cambiando de momento a momento. La vida tomará entonces un cariz de riqueza increíble que no puede describirse, tiene que ser directamente experimentado.
Las palabras en pali para el término Meditación Introspectiva son Vipassana Bhavana. Bhavana surge de la raíz bhu, que significa "crecer o transformarse en". Por lo tanto, Bhavana quiere decir "cultivar", y siempre se utiliza con relación a la mente. Puede traducirse como "cultivo mental". Vipassana proviene de dos raíces: Passana, que significa "ver o percibir", y Vi, un prefijo con un complejo conjunto de connotaciones. Su sentido básico es el de "en forma especial", pero también supone las connotaciones de "dentro de" y "a través de". El significado global de la palabra es el de ver algo con precisión y claridad, ver cada componente de ese algo de forma distinta y separada y penetrar a fondo en la realidad fundamental de aquello que se observa. Vipassana Bhavana lleva introspectivamente hacia la realidad básica de cualquier cosa que se inspeccione. En suma, el término designa el cultivo de la mente enfocado a ver de una manera que conduce a la introspección y a un entendimiento completo de lo que se ve.
En la meditación Vipassana cultivamos esta forma especial de ver la vida. Nos entrenamos para ver la realidad tal cual es, y llamamos a este modo especial de percibir atención, conciencia pura o conocimiento. El proceso de atención es aquí radicalmente distinto del que siempre acostumbramos. Por lo general nunca vemos dentro de lo que está realmente ante nosotros. Miramos la vida a través de una densa cortina de pensamientos y conceptos, y confundimos esos objetos mentales con la realidad. Nos involucramos tanto en esta interminable corriente de pensamiento que la realidad fluye sin que la notemos. Dilapidamos el tiempo absortos en nuestras actividades, presos en una imparable persecución del placer y la gratificación, en una constante huída del dolor y lo desagradable. Gastamos todas nuestras energías en el intento de hacernos sentir mejor y enterrar nuestros temores, Buscamos seguridad sin descanso, y mientras tanto el mundo de la experiencia real transcurre inadvertido a nuestro lado. Vipassana nos capacita para superar nuestros poderosos y constantes impulsos hacia la comodidad y en su lugar nos impulsa para penetrar en la verdadera realidad.
Lo paradójico es que la paz llega a nosotros sólo cuando dejamos de perseguirla.
Cuando suavizamos nuestro compulsivo deseo de comodidad aparece la satisfacción. Cuando dejamos de corretear alocadamente detrás de las gratificaciones surge la verdadera belleza de la vida. Cuando buscamos conocer la realidad sin ilusiones, cabalmente, con todo su dolor y su peligro, entonces nos hacemos dueños de la libertad y la seguridad verdaderas. Esta nos es una doctrina que tratamos de imponerle, sino una realidad observable que puede y debe comprobar por usted mismo.

Según el punto de vista del budismo los seres humanos vivimos de una manera peculiar. Creemos que las cosas impermanentes son permanentes, a pesar de que todo en nuestro derredor cambia. El proceso de cambio es constante, inalterable. A medida que usted lee estas palabras su cuerpo envejece, sin embargo no pone atención en ello. El libro que tiene en sus manos se encuentra en un sutil proceso de deterioro, la impresión se está borrando y sus páginas se destruyen lentamente. Las paredes que lo rodean se desgastan, las moléculas que las integran vibran a elevadas frecuencias y todo cambia porque está descomponiéndose y disolviéndose paulatinamente. Usted tampoco presta atención a ello. Pero un día reconocemos que nuestro cuerpo está enjuto y arrugado, que rechina y nos duele, que el libro está amarillento y el edificio estropeado. Entonces suspiramos por la juventud perdida y lloramos por nuestras posesiones perdidas. ¿De dónde viene este dolor? De nuestra propia falta de atención. Fuimos incapaces para ver la vida de cerca, fracasamos al no poder observar el constante y cambiante flujo del mundo mientras transcurría. Edificamos toda una serie de construcciones mentales: yo, el libro, el edificio, y creímos que eran entidades sólidas y reales, supusimos que durarían para siempre. Aunque nunca lo hicieron ni lo harán. Pero todavía podemos estar en sintonía con el constante cambio que sucede. Podemos aprender a percibir nuestra vida como un movimiento fluido, algo de gran belleza como una danza o una sinfonía. Podemos aprender a ser dichosos en medio de la eterna muerte de todos los fenómenos. Podemos aprender a vivir con el flujo de la existencia en vez de movernos perpetuamente contra la corriente. Usted puede asimilarlo. Sólo es cuestión de tiempo y entrenamiento.
Nuestros hábitos de percepción son extraordinariamente estúpidos en muchos aspectos. Bloqueamos el 99% de los estímulos sensoriales que recibimos y el resto lo solidificamos en objetos mentales. Después reaccionamos ante esos objetos de manera mecánica, programada. Un ejemplo: Estamos sentados solos en medio de la quietud de una noche apacible y un perro ladra a lo lejos. Si nos tomamos la molestia de examinarla, la percepción en sí misma puede ser indescriptiblemente hermosa. De la profundidad de un mar de silencio surgen ondas sonoras. Escuchamos los bellos y complejos patrones de sonido transformados en centellantes estímulos electrónicos dentro de nuestro sistema nervioso. Todo el proceso es encantador y satisfactorio en cuanto tal. Pero tenemos la tendencia a ignorarlo por completo solidificando la percepción en un objeto mental. Le adherimos una imagen mental y nos lanzamos a una serie de reacciones conceptuales y emocionales: "Ahí está ese perro otra vez, siempre ladra en la noche, qué fastidio, cada noche la misma molestia, alguien debería hacer algo al respecto. Tal vez deba llamar a la policía o a alguien que lo atrape y se lo lleve. No, mejor voy a escribir una carta de reclamo al dueño del perro. No, eso es mucho trabajo, tal vez deba conseguirme unos tapones para los oídos". Estas reacciones no son otra cosa que hábitos mentales y perceptivos. Uno aprende desde niño a responder de esa manera porque copia los hábitos perceptuales de aquellos que nos rodean. Estas respuestas perceptuales no son inherentes a la estructura del sistema nervioso. Los circuitos están ahí, pero ésta no es la única manera en que puede utilizarse nuestra maquinaria nerviosa. Aquello que se ha aprendido se puede desaprender. El primer paso para lograrlo es darnos cuenta de lo que hacemos al tiempo que lo hacemos, apartándonos y observándonos calladamente.
Según el budismo los seres humanos tenemos una visión de la vida equivocada. Las cosas que provocan sufrimiento las vemos como si produjeran felicidad. La causa del sufrimiento es ese síndrome de deseo-aversión que ya mencionamos. Cuando surge cualquier percepción -una hermosa muchacha, un hombre apuesto, un criminal armado, un camión que amenaza atropellarnos, etcétera-, lo primero que hacemos es reaccionar ante el estímulo con un sentimiento al respecto.
Tome como ejemplo la preocupación. Nos preocupamos mucho y constantemente, de tal modo que la preocupación en sí misma es el problema. Como todo fenómeno mental, la preocupación es un proceso compuesto de pasos, no es solamente un estado existencial sino un procedimiento. Lo que tenemos que hacer es ver el inicio de ese procedimiento, sus etapas iniciales antes de que el proceso cobre inercia. El primer eslabón en la cadena de la preocupación es la reacción de aferramiento-rechazo. Tan pronto como un pensamiento surge intentamos mentalmente tomarlo o rechazarlo. Esto es lo que condiciona y pone en marcha el sentimiento de preocupación. Afortunadamente existe una pequeña y útil herramienta, la meditación Vipassana, que puede utilizarse para crear un corto circuito en ese mecanismo.
La meditación Vipassana nos enseña a examinar nuestro propio proceso perceptual con gran precisión. Gracias a ella aprendemos a observar el inicio de los pensamientos y las percepciones con un sentimiento de serena imparcialidad y desprendimiento. Aprendemos a ver con calma y claridad nuestras propias reacciones a los estímulos, a verlas sin involucrarnos en las mismas. Entonces, la naturaleza obsesiva del pensamiento muere y se produce una visión totalmente nueva de la realidad. Es todo un cambio de paradigma, una modificación total del mecanismo perceptual que trae consigo un sentimiento de paz y rectitud, de entusiasmo por el vivir, y un sentido de plenitud en cada actividad. Por eso el budismo considera esta forma de ver las cosas como una visión correcta de la vida. Los textos budistas la llaman "ver las cosas como son en realidad".
La meditación Vipassana es un conjunto de procedimientos prácticos que nos sensibilizan gradualmente para esta visión de la realidad tal cual es. Junto con esta nueva realidad surge también una nueva perspectiva de ese aspecto tan central de la misma: el yo. Una inspección cuidadosa revela que hemos hecho con el yo lo mismo que con nuestras otras percepciones: hemos solidificado en una construcción mental el vórtice dinámico de pensamiento, sentimiento y sensación. Acto seguido le adherimos la etique del yo y lo consideramos una entidad estática y perenne, ajena a todas las demás. Así nos separamos de todo ese proceso de cambio eterno que es el universo y después lamentamos nuestro sentimiento de soledad. Ignoramos nuestra conexión concreta con todas las cosas y decidimos que yo tengo que conseguir más para mí. Es sorprendente ver qué tan egoístas y poco sensibles son los seres humanos. Cada acto malo, cada ejemplo de falta de corazón en el mundo nace directamente de ese falso sentido del yo con algo distinto de todo lo que está fuera de mí.
Todo el universo cambia cuando se desmorona la ilusión de ese concepto. Sin embargo, no espere lograrlo de un día para otro. Hemos gastado toda nuestra vida en la construcción de ese concepto, reforzándolo con cada pensamiento, palabra y acción a lo largo de los años. No va a evaporarse instantáneamente, pero desaparecerá con suficiente tiempo y atención. El proceso mediante el cual se disuelve es la meditación Vipassana. Poco a poco se irá descascarando a medida que lo observamos.
El concepto del yo es un proceso, algo que hacemos. En Vipassana aprendemos a ver lo que estamos haciendo, cuándo y cómo lo hacemos. Entonces se pone en movimiento y se esfuma, como una nube que pasa por un cielo despejado. Alcanzamos un estado donde podemos o no emplear el concepto, según lo apropiado de la situación. La compulsividad desaparece, podemos elegir.
Todas éstas son, desde luego, grandes introspecciones. Cada una de ellas es un entendimiento de largo alcance sobre algún aspecto fundamental de la existencia humana. No ocurren rápidamente o sin esfuerzo considerable, pero la recompensa es grande ya que conducen a una transformación total de nuestras vidas. Después de ello cambia cada segundo de nuestra existencia. El meditador que se esfuerza hasta el final del camino logra una salud mental perfecta, un amor puro hacia todo lo que vive y un cese completo del sufrimiento. No son objetivos pequeños. Y sin embargo, no es necesario llegar hasta el final del camino para lograrlos porque su manifestación es inmediata y con los años acumulativa. Es así porque mientras más nos sentemos a meditar más aprenderemos sobre la naturaleza real de nuestra existencia y mayor será nuestra capacidad para observar serenamente cada impulso, intención pensamiento o emoción que surjan en nuestra mente. El progreso hacia la liberación se mide en horas cojín-hombre. Y podemos detenernos cuando hayamos tenido suficiente, ya que no hay nadie que nos obligue a meditar excepto nuestros propios deseos para ver la calidad verdadera de la vida y enriquecer nuestra existencia y la de los demás.
La meditación Vipassana es inherentemente vivencial y no teórica. Con su práctica nos sensibilizamos a la verdadera experiencia del vivir. No se trata de sentarse a desarrollar pensamientos estéticos y sutiles acerca de la vida, se trata de vivir. Antes que otra cosa, la meditación Vipassana es el aprendizaje de vivir.

* Artículo extraído del Capítulo 3 (¿Qué es la meditación?) del libro "El cultivo de la atención plena-La práctica de la meditación Vipassana" del Venerable Henepola Gunaratana Mahatera, traducción del original en inglés "Mindefulness in plain English" por Bhikkhu Thitapuñño (Miguel A. Romero), Editorial Pax México, 2002.