¿Para qué practicar la meditación Vipassana?

 

Para mantener nuestra Mente tan sana como nuestro cuerpo 1

La meditación no es únicamente algo extra para practicar en nuestro tiempo libre, sino algo esencial para nuestro bienestar físico y mental.
Todos nosotros somos capaces y eficientes para cuidar nuestro cuerpo. Lo lavamos al menos una vez al día probablemente más a menudo. Salimos a la calle con ropa limpia. Descansamos nuestro cuerpo por la noche. Cada uno tiene su cama. No seríamos capaces de soportar la tensión de vivir si no descansáramos. Alimentamos el cuerpo con una nutrición sana, no con algo que consideramos veneno. Le damos la comida que consideramos buena para nosotros y hacemos ejercicio. Al menos caminamos. Si no lo hiciéramos, nuestras piernas se atrofiarían y no podríamos usarlas más. Exactamente lo mismo se debe hacer con la mente.
En realidad, es incluso más importante, porque la mente es el amo y el cuerpo es el sirviente. El mejor de los sirvientes, en perfectas condiciones, joven, fuerte y vigoroso, no puede trabajar satisfactoriamente si tiene un amo débil y disoluto. El amo ha de dirigir al sirviente. Si el amo es eficiente y sabio, la casa estará en orden, aunque el sirviente no sea muy fuerte y vigoroso.
Esta mente y este cuerpo son nuestra casa. Si el interior de esta casa no está en orden, tampoco el exterior puede estarlo. La casa en que vivimos y trabajamos depende del orden que hayamos creado en nuestra casa interior. El amo, el que manda, debe estar en la mejor condición posible.
En todo el universo nada es comparable a la mente ni puede sustituirla. Todo es producto de la mente. Sin embargo, todos usamos la mente con desconsideración, lo que es otra contradicción. El cuerpo no lo descuida nadie. Cuando el cuerpo tiene hambre, rápidamente lo alimentamos. Cuando el cuerpo se cansa, rápidamente lo descansamos. Pero ¿y la mente? Sólo el que medita cuida de ella.
Si la vida ha de crecer en visión y profundidad, es esencial cuidar de la mente. De otro modo, la vida permanece en dos dimensiones distintas. Muchas vidas se viven en las realidades del ayer y del mañana, lo bueno y lo malo, me gusta o no me gusta, lo quiero o no lo quiero, esto es mío y esto es tuyo. Sólo cuando la mente está entrenada podemos ver otras dimensiones.
Lo primero que hemos de hacer con la mente es lavarla, limpiarla no sólo una o dos veces al día, como hacemos con el cuerpo, sino en cada momento que estemos despiertos. Para poder hacer eso hemos de saber cómo. Con el cuerpo es muy fácil: usamos jabón y agua. Aprendimos a hacerlo de muy pequeños. La mente sólo puede limpiarse con la mente. Lo que la mente ha puesto allí, la mente puede quitarlo. Un segundo de concentración durante la meditación es un segundo de purificación, porque la mente sólo puede hacer una cosa en cada instante. Aunque según el Buda podemos tener tres mil momentos mentales en un abrir y cerrar de ojos, normalmente no tenemos tantos, ni a la vez. Los momentos mentales se siguen uno a otro en rápida sucesión, pero sólo uno por instante.
Cuando nos concentramos, nuestras impurezas, no tienen posibilidades de aparecer, porque la mente sólo puede hacer una cosa a la vez. Y mientras aprendamos a alargar nuestros periodos de concentración, la mente se va limpiando de sus imperfecciones.
Nuestra mente, esa herramienta única en todo el universo, es la única que tenemos. Si poseyéramos una herramienta delicada, evidentemente cuidaríamos de ella y le sacaríamos brillo. La afilaríamos, la engrasaríamos y la dejaríamos reposar de vez en cuando. Nosotros tenemos aquí esta maravillosa herramienta con la que podemos conseguirlo todo, incluida la iluminación, y a nosotros corresponde aprender a cuidarla. De otro modo no funcionará adecuadamente.
Durante la meditación aprendemos a eliminar de la mente lo que no queremos conservar. Sólo queremos tener presente nuestro objeto de meditación. A medida que desarrollamos esta habilidad, comenzamos a aplicarla en nuestra vida cotidiana para ayudarnos a desprender de los pensamientos nocivos.
La fuerza del cuerpo nos permite conseguir lo que nos hemos propuesto hacer con él. La fuerza de la mente nos permite lo mismo con respecto a ella. Una mente fuerte no sufre de aburrimiento, frustración, depresión ni tristeza; ha aprendido a desprenderse de lo que no quiere. La práctica de la meditación le ha dado la musculatura necesaria para ello.

Para desarrollar Sabiduría 2

Meditamos para hallar la Sabiduría. Es la meditación el medio más válido para penetrar esa realidad que se oculta tras la apariencia, para desarrollar una visión penetrante y directa más allá de los conceptos y las ideas. Meditamos para purificar la mente, elevar nuestro nivel moral, potenciar la consciencia, superar las aflicciones, eliminar los autoengaños, traspasar la ilusión y aprehender las cosas tal y como son. Meditamos para desarrollar la mente y el corazón, para obtener calma profunda, para eliminar los factores negativos (odio, cólera, sensualidad, apatía, etc.) y cultivar los positivos (amor, comprensión, esfuerzo, energía, etc.) para disipar los prejuicios, para saltar más allá del ego (de todas las actitudes egocéntricas), para disponer de una mente libre que pueda percibir intuitivamente las tres características básicas de la existencia: impermanencia, dolor e impersonalidad. Meditamos para cruzar de la orilla del sufrimiento a la del bienestar, de la de la oscuridad a la de la luz. Meditamos para liberarnos de contaminaciones, para encender nuestra propia lámpara, para trascender el razonamiento ordinario y rescatar uno más elevado, para vivenciar de manera directa y sin filtros socioculturales y psicológicos, para que fluya la comprensión profunda y podamos caminar hacia la libertad interior.
El conocimiento no es Sabiduría. El conocimiento es adquirido; la sabiduría está dentro de uno mismo. El conocimiento puede adquirirse por lecturas, conversaciones y a través de cualquier medio que facilite información; La Sabiduría sólo es posible obtenerla en uno mismo a través del trabajo interior y la meditación. El conocimiento es como una moneda que va de mano en mano. La Sabiduría nadie puede dárnosla. Pueden entregarnos medios, técnicas para hacerla posible, pero la Sabiduría no es traspasable. El conocimiento no conduce a la felicidad interior; la Sabiduría, sí. El conocimiento no reporta comprensión verdadera, ni calma profunda; la Sabiduría, sí. El conocimiento sólo permite la comunicación superficial; la Sabiduría hace posible la comunión profunda, la vivenciación de todos los procesos. El conocimiento reporta un saber parcial y fragmentado; la Sabiduría un saber total. El conocimiento no modifica las estructuras internas del individuo; la Sabiduría reorganiza toda la vida interior y permite la visión clara. La reflexión proporciona conocimiento; la meditación, Sabiduría. A través del conocimiento es posible enterarse de las tres características básicas de la vida, pero sólo mediante la Sabiduría es posible penetrarlas y percibirlas.

 

1 Texto tomado del libro "Siendo Nadie, Yendo a Ninguna Parte", de Ayya Khema, Ediciones Índigo, Barcelona, 1994.

2 Texto tomado del libro "El Buda Viviente", de Ramiro A. Calle, Ediciones Cedel, Barcelona, 1984.